lunes, 19 de julio de 2010

Cuando bajo a la playa.



Imagen es luparia.-

Cuando bajo a la playa viajo por campos segados y mieses en flor.

Recorro la distancia a lomos de mis sandalias mientras observo con los ojos el tiempo lento que nada tiene que ver con la ciudad ajetreada. Al atravesar el puente me introduzco en los campos donde aún resisten las vacas tumbadas a la sombra que me miran al pasar; tambien resisten esos viejos silos redondos de cemento con su ojo cuadrangular y su sombrero cónico algo desvencijado ya. Aquella casa blanquiroja esconde tras sus ventanas el dorado sol de la paja seca a la antigua usanza, mas en los verdes se enrolla y es secada al sol para un plástico oscuro. Desciendo por la vereda donde el gran tilo me espera quieto con su alargada sombra. Las tapias sin argamasa delimitan las mieses donde crecen silvestres otros verdes con blancos y azules y morados o amarillos botones campaniformes que son pasto de abejas que zumban al pasar.
Un aguila sobrevuela la campa y se asusta de mi caminar; con su quejido me avisa de que soy solo un extraño en el paraíso de azafrán. Un lejano poste le sirve de atalaya y mientras me observa veo el apresurado vuelo de palomas que se ocultan tras un pajar. Crecen bosques de ortigas y zarzas tan altas que su enmarañada cama es nido de lagartijas o arañas de geométrica seda natural y con sus dibujos exactos fascinan mi curiosidad. En la vera del arroyo duerme el molino medieval del que solo quedan ya dos arcos redondos, por los que baja saltariana el agua en su canal. las márgenes devoradas por espigados juncos como lanzas verdinegras contrastan con esas otras plantas que embebidas por la corriente nacen de un verde fosforecente. Un Aliso hexástilo da sombra con sus ramas a los cantores de charca y la iridiscente libélula, que inquieta, parece posarse en el agua. Tras la carretera vuelven las casas con sus tejados de grana o de pizarra, pero yo no las miro, pues mi vista se recrea en los infinitos campos que conducen a esa lejana montaña parda sobre el abra del pas. Asciendo la cuesta que serpentea hasta la cima de la meseta y desde alli porfin se ve la mar: su azul atlante enfrentado al celeste del cielo. El sol que desciende dora los verdes que delimitan la costa acantilada y tras unas pocas casas más, aparece la isla unida a la costa por una delgada lengua dorada. A poniente la ensenada parece turquesa esmeralda mientras que en el oriente es un zafiro salpicado de blancos donde se mecen los barcos que la delgada linea del horizonte sostiene es sus brazos.

Cuando bajo a la playa comulgo con la mar y las algas, la arena y la sal, en la liturgia que afortunadamente aun no conoce la mano del hombre.


Por el lobo que camina . ( y nunca mejor dicho)


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5 comentarios:

  1. cuando bajaste a la playa estube con tigo....y vi lo que viste tu,el mundo con tus ojos...la imagen es preziosa pero no es nada comparado con tu belleza,te amo

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  2. cuando bajas a la playa haces de tus con tus letras el arte más hermoso de escribir y a nosotros los lectores imaginar.

    buenísimo
    un beso lobo

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  3. Podria pintar un cuadro cuando describes tu singladura y tu camino, veo colores y formas y hasta olores,,,,,¡¡eres muy bueno!!

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  4. - Gracias con natural emoción, que imagines aquello que escribo y le pongas color es el mejor de los premios.
    Aullidos afectivos.

    -
    Abela, eso que dices sería todo un honor para el lobo, un lienzo estepario. Pero eso ocurre porque tu eres capaz de imaginarlo, sentirlo, hacer tuyas mis letras.
    Agradecico estaba el lobo por los parabienes comentados. Aullidos y saludos de bienvenida.

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