viernes, 16 de marzo de 2012

Crepusculario Azul


Atras ha quedado el crepusculario observando la tarde que fenece en la mar. Lejos, allí donde el cobalto resplandece y se incendia, ha quedado su mirada atrapada como en un bucle sin tiempo. Pronto desaparecerá por completo la luz y una a una se irán descolgando las estrelas sobre el raso de la noche. En el occidente, Jupiter y Venus casi unidos le engañaran y en la antesala del horizonte, comenzarán a llegar las pequeñas luces de los barcos pesqueros.
Decididamente ya no escribe- ni describe- lo que le pasa por la mente, ni si quiera se fija ya en hierático vuelo de las ruidosas pardelas que planean sobre la mar o en la última ola que irisa sus diamantes al estrellarse sobre el farallón. Encaramada a una roca, congelada por la belleza del ocaso, una gaviota contempla la inmensidad de un mar teñido de sol y sin embargo no atraerá la mirada del crepusculario esta vez.
Lejos, allí donde no hay espacio y el tiempo es un mar que nos ahoga lentamente hasta el ocaso final,es el lugar donde mora ahora su mente. Un recuerdo de hace tiempo;de cuando eran otros los paseos y otro el azul que alegraba la estancia, le roban ahora la mirada.
No. La huella sonora no ha sucumbido aún y los estragos que hacen al caer las hojas del calendario en la memoria,tampoco han conseguido apartar las instantáneas en movimiento de su presencia. Hace un año ya que tu velero desapareció en pos de la eternidad y sin embargo es tan fiel el recuerdo que sigue esperando encontrar tu silueta agazapada entre las tinieblas del cuarto. Atras han quedao el dolor de la flecha y los ríos de sal, pero no hay día que no consiga una sonrisa al rememorar tu fiel compañía y la generosa bondad de tu mirada azul y miel.

Una tarde más encaminará sus pasos el crepusculario hacia el final del paseo, las farolas habrán roto la timidez del primer parpadeo y alumbrarán alargando las sombras de palmeras y caminantes. En la lejanía las nubes, vestidas de dragones grises que engulleron el fuego de la tarde, confudirán la frontera de la mar, y siempre, en esa hora mágica, el crepusculario retornará a los días felices en los que tú iluminabas la tarde, porque, crepusculario eras- y serás- aunque con nombre de dios azul heleno.

Por el lobo que caminará para siempre con su amigo Peloncho.

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