miércoles, 3 de julio de 2013

El tiempo de lo nuestro




La imagen es de Jensi Neustadt.

Me he sorprendido observando ese vacío que habita más allá del candil blanco que oscila junto a la ventana. Pensaba en el tiempo que hace que no escribo, en el tiempo que hace que no amo, en el tiempo que se fuga, en el tiempo perdido o que dejamos escapar.
Hace tiempo, cuando decidí empezar de nuevo- la vida siempre se inaugura cada día- coloqué una vela malva dentro del candil y siete en la repisa del dormitorio por sí su luz te hacía volver. Hoy me he dado cuenta que de tanto encenderlas se han agotado y la cera ha dejado paso al esqueleto metálico o a la nada. Así es, el tiempo no fue nuestro aliado.Se ha ido. Nos abandonó aquella misma noche en la que decidiste marcharte.Pero ¿estabas conmigo? Nunca estuviste del todo a mi lado. Desde aquel fin de verano o desde que el año nuevo nos eclipsase e incluso, mucho antes, cuando abrías despacio los regalos de cumpleaños, ya no estabas, eras solo la desconocida que dormía a un centímetro de mi costado. Lo supe el mismo instante en que la luz azul de tus ojos dejó de centellear;lo supe cuando ellos dejaron de sonreírme,o cuando tu mano se posaba deprisa sobre mi pecho como huyendo de los latidos acelerados y en esos silencios desgarradores que antecedían al sexo. Era como si cada conversación nos alejara, como si fuéramos dos imanes que se repelen,como dos lobos de distinta manada. Quizá porque cada palabra era un reproche,o porque el espejo de lo que tu amabas nunca no era yo.
Por eso no importaron las mentiras, ni las veces que llegabas tarde porque estabas con él.No importaron los desprecios ni las palabras amargas, ni siquiera importó aquella vez que buscabas vuelo de un sólo pasajero, ya estábamos demasiado lejos.

Mientras pienso, la vela se ha apagado y la ventana huérfana está ahora envuelta en sombras. Así es la historia de lo nuestro: una veleta que se deja llevar, un velero cuya mayor no atrapa el viento, una nube pasajera o el destello de una veta de pirita en una mina de otro mineral.

Me he sorprendido observando ese vacío que habita en el esqueleto de lo nuestro,pensaba que el tiempo no importa nada y sin embargo tiene máxima importancia; de la misma manera que los "te echo de menos" no significan "te quiero" o el "nos hicimos daño" no significa "perdóname".Por eso y por la ausencia o las persecuciones de madrugada, lo nuestro nunca debió suceder ni prolongarse en el tiempo.

Por el lobo que camina.

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2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  2. Una hermosa manera de relatarlo, la verdad.
    Me he sentido al otro lado, ahí mismo, a dos centímetros del costado de alguien.
    Cada historia tiene dos caras. Me ha emocionado la tuya, aunque al otro lado también hay dolor, tristeza y culpa...
    Volveré

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