En la lejanía un lobo aúlla desgarrando las tinieblas y el viento trae hasta la costa su sonido. La mar lo envuelve con la cadencia irregular de su canto eterno depositándolo en la orilla, donde duerme la arena de una playa solitaria. Bienvenid@, navegante a mi mundo convulso. El lobo imprimió su huella en la arena para que te recrees, leas y sonrías.
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sábado, 23 de julio de 2011
invocaciones
La Reixa 2- Joan Mateu http://www.joanmateu.com/
la luz entra de puntillas por la veneciana dorando los objetos que duermen sobre la balda. un rayo incide sobre el cuadro de la pared y lo ilumina levemente. No puedo verlo pero sé que es así.
La brisa de la tarde entra desordenando los papeles que olvidé sobre la cómoda de la entrada. Hay una novela abandonada sobre el sofá con una página señalada con carmín. El ventilador del techo gira esparciendo su melancolía con insistencia y amortiguando los ruidos en el jardín; no puedo verlo, pero sé que es así.
Una gaviota de alas blancas se mece en el horizonte mientras el faro apunto está de encenderse. Las rocas negras contrastan con el gris espigón que se adentra en la bajamar;en el invierno,la marea se llevó toda la arena de la pequeña playa y ahora huérfana,no es más que un montón de piedras teñidas de verde; no puedo verlo, pero sé que es así.
Te acercas en silencio a la puerta cerrada y miras cabizbaja,luego piensas en algo que te hace sonreír; acaricias el seto con la mano mientras te alejas y tu melena, aún mojada, anega el aire con aroma de jazmín;Dama te sigue buscándote el dorso de la mano y su negra trufa te hace reír; no puedo verlo, pero me gustaría estar ahí.
Por el lobo que camina.
jueves, 14 de julio de 2011
Falsos recuerdos
Imagen Carlos.Carreter Flickr.- 2008 Sopot
Me buscaba. Repetidamente, inconscientemente, insondablemente. Me buscaba sin descanso, sin acierto, sin sentido, sin haberme perdido y aun así me buscaba. No estaba allí, ahora, ni estaba en el pasado. Demasiado pasado sin regreso posible. No, no estaba allí, apoyado en la barandilla azul, ni en los veleros blancos que se acercaban peligrosamente al puerto. Lejos, demasiado lejos de ese embarcadero de baldosas grises, donde el sol se ocultaba entre los edificios. Una brisa esparcía su aliento de azahar sembrando rizos en las olas y su luz imposible iba irisando sin descanso la costa. Aquella silueta ondeaba su melena a barlovento como los cantos de las sirena que perseguían a los navegantes, y sin embargo, no hubo naufragios o tal vez si. Cuando el ancla, al caer al agua se sumerge, deja profundas hondas que se pierden entre las olas hasta desaparecer.Pero ni si quiera eso quedó de mi por no ser yo el que paseaba aquella tarde por la orilla de la mar ¿hubo realmente alguien sentado en aquellas rocas? Recuerdo un collar de conchas que brillaba y el rumor del agua salada al resbalar por la garganta; recuerdo un perro que ladraba a las olas blancas y una canción arreglada para guitarra.
Me buscaba, desesperadamente me buscaba, en lo más profundo de mis recuerdos me buscaba, pero no era yo, ni estuve nunca allí o tal vez si.
Por el lobo que camina.
martes, 5 de julio de 2011
¡Vive! Gala
Imagen EFE. Firmando en la feria del libro de Madrid 2008
"Ya Nunca Más Diré, Todo Termina...
Ya nunca más diré: «Todo termina»,
sino: «Sonríe, alma, y comencemos.»
En nuevas manos pongo nuevos remos
y nuevas torres se alzan de la ruina.
(...)"
"(...)Trataré, con todo, de defraudar a la muerte una vez más: la última".
Antonio G.
Cómo si se pudiera enviar por el aire que une los mundos una brizna de esperanza; cómo si se pudiera dar aliento al que padece a través de unas pocas y simples palabras.
He buscado en el diccionario de todas las lenguas vernáculas o modernas, por ver si encontraba el abracadabra que te proteja de ser tripulante del último viaje:
Con esperanza de seguir leyéndote semanalmente:la esperanza es verde; la esperanza del viajero verde; verde, que te quiero, verde, y verde de tú Andalucía de esperanza. Subir, si me subo a la esperanza que viaja en el tranvía verde de la calle alegrías, y desciende hasta la mar con dalias blancas en la orilla; verde mar, que hondea en la nave esperanza sumergida entre olas de esmeralda. A mi siempre me gusto el naranja y el azahar de tus poemas,Alhambra, el sol, limón maduro es la esperanza del día, como el ocaso es la esperanza de la noche donde titilan siempre los brillantes luceros. ¡Deprisa! Pide un deseo. Una estela carmesí atraviesa el cielo hacia el oriente, donde nacerá otra vez el sol con la esperanza renovada.
Tan solo hallé las que ahora declamo en el silencio de la noche: en la calle llueve, como si los dioses llorasen lentamente. y el agua es vida ¿será esto un presagio? Me gustaría.
Con el deseo de que ganes la batalla de la vida, con todo mi amor, maestro Antonio.
Por el lobo que camina.
viernes, 1 de julio de 2011
Donde los dioses moran
Imagen de la red.
Navegar o seguir en la senda sin saber a donde, sin esperar nada que no sea silencio.
En otro tiempo, cuando aún no había visto de cerca los ojos del barquero, arribábamos desde el sol del buen tiempo. La campiña por la que corríamos era verde, igual que ahora, y la mar azul, no tan azul, seguía ahí, impasible, sin nociones del paso de este tiempo que nos asola.
yo sigo aquí ya lo ves- no puedes verlo- escondiéndome de la parca, que siempre se lleva a los otros, los más buenos.-como a ti- Las nubes permanecen ancladas en la bahía que tanto mirabas,que tanto escuchabas, y su aroma es el mismo que te embriagaba en exceso. ¡Si al menos pudiera llevarte una brizna de brezo-o cardo- al otro lado del río aqueronte!
Aquí, en el reino de ceniza, la vida sigue como solía,o al menos eso me repito todos los días desde tu partida. Hay nuevas huellas sobre tu paseo, al que no hemos vuelto; todos los nidos sobre los árboles llenos de hojas despiertan a la vida, como las aceras de aquel verano cuando tu eras. Otras olas mueren en la baja mar donde fue tu estela, y yo me pregunto si no estarás con aquellas otras que borraban nuestro rastro al final de la marea; quizá el sol del acaso, ese que te doraba el cabello blanco también esté allí donde resides ahora.¿eres hoy sin horma tan solo luz? sé que aún así te reconocería si se pudiera volver desde el fin de las sendas.
En el acantilado que mira a occidente contemplo como se duerme otra vez la tarde, esperando, junto a mi sombra y la otra crece con tu forma, el comienzo de la noche por ver si el fulgor de alguna estrella mentirosa, me devuelve al tiempo en el que todo era posible, incluso regresar del reino donde los dioses moran.
Por el lobo que camina.
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Gran Lobo Gris
viernes, 24 de junio de 2011
Desederantia
imagen prodecente de prensa digital.
"Un cometa errante se suicida en el horizonte de la mar que no es mar, sino el espejo azabache donde se mira el Urano."
Es la noche y en el horizonte destellan pequeños lazos de luz que la bruma acentúa. Me quedo observando su llama en silencio. La costa es una serpiente de escamas amarillas y rojas que esconce sus anillos por momentos. El ruido del tráfico no llega hasta mi; no le dejo. Estoy en algún punto de la frontera donde la mar se une con la tierra.Lejos. La brisa de aquí me despeina el cabello pero es la sal lo que echo de menos. Intento aguzar el oído desenredando las tinieblas.
Hoy todas las hogueras yacen apagadas, olvidadas, esparcidas y muertas; el viento siembra sus restos devorados por la arena. Una ola regresa con la marea y trae pequeños fragmentos de carbón suspendidos en el agua. ¿No son los esqueletos de los deseos de anoche? Ahora que todo es ceniza y calma, y puede oírse el murmullo de las olas, se materializan en el aire siluetas de danzantes imbuidos por la bruma.Son parte de la misma magia que aun hoy puede verse ascender hacia la bóveda repleta de estrellas titilantes.
Por el lobo que camina
"Un cometa errante se suicida en el horizonte de la mar que no es mar, sino el espejo azabache donde se mira el Urano."
Es la noche y en el horizonte destellan pequeños lazos de luz que la bruma acentúa. Me quedo observando su llama en silencio. La costa es una serpiente de escamas amarillas y rojas que esconce sus anillos por momentos. El ruido del tráfico no llega hasta mi; no le dejo. Estoy en algún punto de la frontera donde la mar se une con la tierra.Lejos. La brisa de aquí me despeina el cabello pero es la sal lo que echo de menos. Intento aguzar el oído desenredando las tinieblas.
Hoy todas las hogueras yacen apagadas, olvidadas, esparcidas y muertas; el viento siembra sus restos devorados por la arena. Una ola regresa con la marea y trae pequeños fragmentos de carbón suspendidos en el agua. ¿No son los esqueletos de los deseos de anoche? Ahora que todo es ceniza y calma, y puede oírse el murmullo de las olas, se materializan en el aire siluetas de danzantes imbuidos por la bruma.Son parte de la misma magia que aun hoy puede verse ascender hacia la bóveda repleta de estrellas titilantes.
Por el lobo que camina
domingo, 19 de junio de 2011
Vino a solas
Rob Hefferan english oil painting.
Tanto tiempo llevo desterrando la falsedad que ya no distingo otro camino.
La misma llave que me abre a los demás, cierra la puerta de los mundos probables sin cesar. Una amistad de lunes a viernes; amistades en horario de trabajo; una amistad que por vetusta ha caducado.
El transcurso de los años raramente añeja los vinos malos. Quizá nunca fuimos caldo de barrica y solo por azar coincidimos en la singladura que la costumbre bautizó como mar amiga.
Esta tarde me he dado cuenta de que ya no quedan barcos en la mar.Unos en la lejanía orientas sus banderas, se acercan cuando se enteran de un naufragio, pero solo para ir contándolo puerto por puerto, cantina por cantina; otros sin embargo aproan levemente o parecen seguir fingidamente el rumbo marcado, pero la mar se encarga siempre de hacer desaparecer en el horizonte su vela. Sus remos jamás acercan la costa, ni amainan las olas; ni una sola de sus sogas amarra fuerte, y si acaso la ves prendida de la cubierta, es solo mera ilusión.
La soledad siempre estuvo allí para recogerme y sin embargo, no fui comprensivo la mayoría de las veces para con ella.No hacía otra cosa que buscar un lienzo blanco que la desterrase de mi seno; un brazo aliado que sostuviese el timón a mi vera, pero sin darme cuenta, la despegaba sin remedio de mi lado.
Ahora eso ha cambiado. Nunca más habré de separarme de su abrazo. Soledad marinera, fraguadora de barcos. Ella se ha encargado de abrir mis ojos ante el abismo. No, no creáis que los culpo a ellos, ni ella, ni siquiera a mí. No es pecado de nadie, sino el azar que los tiempos modernos siembra en mí. Las poleas mecánicas se han encargado de suplir el sudor de los gavieros que antaño izaban las velas. Ahora con una palanca y un solo golpe de timón, se fachea y ancla la nave en el fondeadero; el rol que antaño inscribía a mano a los nuestros, vacío, es carcomido por la sal de la bodega.
Siento el vacío que dejan las palabras amables en mí, más es el silencio de la mirada cómplice, todo lo que anhelo. Soledades a mi: la mar, las olas y el murmullo de las teclas al escribir.
Por el Lobo que camina.
sábado, 11 de junio de 2011
Hace tiempo.
Joseasreyes.- 123Rf.
El tiempo es una rueda que nos arroya atenazándonos con su engranaje, en una losa que nos va sepultando en la tierra palmo a palmo hasta lo inevitable. el tiempo es un viento que nos arrebata despiadado el beso de la comisura de los labios. Es la ventisca que asola el páramo feliz- o no-que habitamos. El tiempo es una espada que se clava poco a poco en el corazón de los hombres hasta matarlos.
Hace tiempo, cuando todavía creía que mi estela era invencible; cuando la esperanza era capaz de desarmar el rugido fiero de las noches solitarias; cuando aún no había contemplado el tacto frío de la muerte posarse sobre mis abrazos. Entonces, siempre era verano. Y las mareas nunca desbordaban el malecón, ni había naufragios que planeasen sobre los barcos. Estos aferrados al ancla se dejaban mecer por la marea que moría a los pies de la playa. El paraíso era ese lugar, no tan distante, que me hacía sonreír.
Fue esa noche, pero ¿era realmente noche o solo por qué estaba oscuro lo recuerdo noche? No lo sé, más era una luz azabache la que me iluminaba y su amenazante sombra aniquilaba mi propio reflejo sobre el asfalto. Vino sin aviso y al marcharse ,dejó solo una triste esquela de cuatro años junto al lavabo. Mucho menos que el carmín de unos labios sobre otros labios; efímero al fin, como las huellas que hoy voy dejando en la bajamar.Fue esa noche la que cambio el curso de la historia, de todas las historias, presentes y por venir. La noche por la que mediría todas las noches, desde ahora, hasta la última noche que no tiene fin.
Recuerdo que no recuerdo siquiera la llegada del amanecer, pero en la penumbra de su cuarto, donde todo era tacto, aprendimos el amor como dos furtivos prometeos sin miedo al fuego ni a la ira de los dioses.
Una guitarra colgada de la pared, una silla de mimbre y viejos discos en un quinto piso con ascensor. El poema escrito en amarillo que me regalaste y que olvidé recordarlo hoy, hace ya más de veinte años.
Por el lobo que camina.
viernes, 3 de junio de 2011
sobre la muerte
Imagen de la red, cementerio de Comillas Cantabria.
Esta mañana al leer el noticiario he pensado en la muerte. No la mía, la cual nunca me ha importado demasiado, sino de la de otros; los de hace tiempo, los de ahora, muertos todos. Muertos. Que diferentes los unos respecto de los otros y sin embargo cuan parejos.
Un paseo entre las lápidas a la vera de la mar con La niebla entre las losas y las estatuas, el aroma de las flores cada vez más extrañas, sustituidas por la tela con su forma; panteones con figuras de ángel, efigies, cruces, cristos dolientes y vírgenes piadosas: arte funerario.
La paz que se desprende de las piedras que cierran el paso a los vivos, son en sí mismas abrigo de otros vivos que velan el delicado descanso de los muertos. Un hombre con rastrillo pasea taciturno hacia el final de la tapia sin preguntarse ya quien yace allí.
Hay muertos ricos y pobres muertos. Muertos de primera muy cerca de la reja del cementerio, pero igual de muertos que esos que al fondo, descansan unos sobre otros como un panal de abejas de cemento. Unos muertos descansan sobre la tierra o elevados en mausoleos que asemejan iglesias, con sus pináculos apuntando hacia el cielo. Hay durmientes sobre aras de piedra, vestidos de piedra, con rostros de piedra que yacen con sus manos entrelazadas sobre el pecho, como a la espera del prometido regreso. Hay tumbas que se elevan como arcos de triunfo coronados de cruz, desde cuya cima se divisa la mar.
Me imagino la escena rodeado por la sombra de una noche cadavérica donde la bruma brama con el aliento de unas olas despiadadas que asolan la costa. Sus etéreos pasos se detienen en la fosa sin nombre-también hay otros con un número solo- y entonces, recuerdo que en esta tierra aún yacen olvidados los hijos ilegítimos de una guerra. Desprovistos ya de todo como los otros, con sus huesos blancos rodeados de tierra al margen de las veredas, sin tapias que los guarden, ni cuidadores o velas. No hay un solo cristo que recuerde su espera de una vida más eterna, y tan solo el acero de una bala, la que segó prematuramente su aliento, hará de lazarillo en las noches enteras.
Cuan diferente es en si misma la muerte que no es muerte, sino recuerdo del que se muere. Mañana, los mismos que niegan desde su trono el regreso de esos muertos al recuerdo, yacerán igual de muertos bajo sus lápidas, careciendo por ello del aroma silvestre a lavanda que perfuma la eternidad del descanso y la paz de los que no lo tienen.Quizá por eso prefiero yo ser quemado ¿y las cenizas? preguntarán. ¡Qué poco importa al muerto lo que pelea siempre a los que no lo están!
Por el lobo que camina.
Esta mañana al leer el noticiario he pensado en la muerte. No la mía, la cual nunca me ha importado demasiado, sino de la de otros; los de hace tiempo, los de ahora, muertos todos. Muertos. Que diferentes los unos respecto de los otros y sin embargo cuan parejos.
Un paseo entre las lápidas a la vera de la mar con La niebla entre las losas y las estatuas, el aroma de las flores cada vez más extrañas, sustituidas por la tela con su forma; panteones con figuras de ángel, efigies, cruces, cristos dolientes y vírgenes piadosas: arte funerario.
La paz que se desprende de las piedras que cierran el paso a los vivos, son en sí mismas abrigo de otros vivos que velan el delicado descanso de los muertos. Un hombre con rastrillo pasea taciturno hacia el final de la tapia sin preguntarse ya quien yace allí.
Hay muertos ricos y pobres muertos. Muertos de primera muy cerca de la reja del cementerio, pero igual de muertos que esos que al fondo, descansan unos sobre otros como un panal de abejas de cemento. Unos muertos descansan sobre la tierra o elevados en mausoleos que asemejan iglesias, con sus pináculos apuntando hacia el cielo. Hay durmientes sobre aras de piedra, vestidos de piedra, con rostros de piedra que yacen con sus manos entrelazadas sobre el pecho, como a la espera del prometido regreso. Hay tumbas que se elevan como arcos de triunfo coronados de cruz, desde cuya cima se divisa la mar.
Me imagino la escena rodeado por la sombra de una noche cadavérica donde la bruma brama con el aliento de unas olas despiadadas que asolan la costa. Sus etéreos pasos se detienen en la fosa sin nombre-también hay otros con un número solo- y entonces, recuerdo que en esta tierra aún yacen olvidados los hijos ilegítimos de una guerra. Desprovistos ya de todo como los otros, con sus huesos blancos rodeados de tierra al margen de las veredas, sin tapias que los guarden, ni cuidadores o velas. No hay un solo cristo que recuerde su espera de una vida más eterna, y tan solo el acero de una bala, la que segó prematuramente su aliento, hará de lazarillo en las noches enteras.
Cuan diferente es en si misma la muerte que no es muerte, sino recuerdo del que se muere. Mañana, los mismos que niegan desde su trono el regreso de esos muertos al recuerdo, yacerán igual de muertos bajo sus lápidas, careciendo por ello del aroma silvestre a lavanda que perfuma la eternidad del descanso y la paz de los que no lo tienen.Quizá por eso prefiero yo ser quemado ¿y las cenizas? preguntarán. ¡Qué poco importa al muerto lo que pelea siempre a los que no lo están!
Por el lobo que camina.
jueves, 19 de mayo de 2011
La Fuente
En aquellos días nada era más urgente que vivir corriendo aventuras al salir del colegio.Cuando las nubes grises nos permitían pasear alejados de los soportales de piedra, liberados de la capucha azul marino del impermeable, recorríamos la acera desde puerto chico hasta sotileza, que era como llamábamos nosotros a aquel parque junto a la mar.
Allí, no muy alejados del tío vivo que daba vueltas al son de la música, rodeados por bancos repletos con parejas de enamorados que se cogían fuertemente la mano,- para nuestra risa-; guarecidos tras la sombra de altos y viejos árboles, donde descansaban- y descansan- petrificados, los personajes de los libros que escribiera aquel hombre enjuto, de luenga perilla y bigotes, que corona sentado el monolito blanco. Justo al lado del estanque de albos y negros cisnes, enfrentados a la fuente con piscina de teselas turquesa, que una dama preside sentada muy quieta,jugábamos nosotros a la guerra.
Nunca supe por qué el constructor de estos monumentos- ambos-, tuvo la falta de delicadeza de sentar de espaldas a la mar, a aquellos ilustres escritores de mi tierra, solo espero que los honrados en ellos, les perdonen desde el Olimpo, pues es allí donde van a descansar tras una vida llena de novelas los escritores y poetas.
A los ojos de un niño de sexto- o séptimo- curso, aquella fuente era mucho más que el mármol y el bronce; mucho más que las flores y setos que siempre la rodearon. Era la fusión de Egipto, Grecia o Roma y lo que estas representan para quien estudia la historia por primera vez. Era el lugar perfecto para las batallas navales de nuestros barcos hechos con papel, o corteza u hojas muertas de magnolio.
Mucho antes de que decidiera rellenar cuadernos con dibujos e historias; mucho tiempo antes de comenzar a leer lo que aquella mujer escribiera durante esa era tan difícil para su sexo;mucho antes de saber si quiera lo que el sexo era; sin saberlo, reverenciábamos su grandeza inventando naciones, héroes y guerreros bajo su atenta mirada de piedra.
Recuero a mi amigo Juan Luis inventado la guerra, agachado junto al estanque, con las manos metidas en la alberca, contándome mientra jugaba, aquellas cosas que él leía en los libros de la biblioteca,- de los cuales yo no supe nada hasta mucho tiempo después. Recuerdo aquella tarde en la que abandonamos la escuadra para rescatar el cadáver de un alargado mule que flotaba a la diestra de nuestra diosa helena de la pluma, y en cuya gesta- operación Jamón en honor a los tebeos de Filemòn- arriesgamos enteras las naves y la ropa. Aun siento la humedad de la tierra que mis manos y la rama removía para la sepultura del general ballena a la sombra de aquel árbol que tantos días nos acogió.
Eran las tardes del Machichaco explotando, de Nelson perdiendo la vida en Trafalgar; las tardes con Anibal y sus elefantes a las puertas de Roma y las ocas; las tardes en las que siempre perdía al ajedrez, en cuyo juego mi noble amigo tuvo la paciencia de adiestrarme como a un joven gladiador.
Hoy, a casi seis lustros de aquella tarde de Mayo, he regresado a la fuente y al contemplar su efigie, he susurrado el nombre como el hijo que visita la tumba de la madre por primera vez.Luego y tras rememorar las tardes felices acariciando la corteza de los árboles, he arrojado una rosa al estanque, preguntándome, si algún niño vendrá a rescatar la flor, como nosotros al pez de aquella tarde.
Por el lobo que camina
miércoles, 4 de mayo de 2011
Diario de un viaje II

Imagen es luparia
Abrí los ojos con el alba en aquella alcoba y la luz dibujaba flores de sol en la pared.
Nunca me han gustado las habitaciones de hotel: todo está dispuesto para la comodidad de alguien que nunca pernoctó, ni se aseó allí.
Las cortinas filtran tanta luz que uno puede dudar si alguien mientras el sueño fue, permutó la tela tan recia que vimos en la noche, por esta otra que contemplamos con incredulidad. La supuesta comodidad de una nevera contrasta con la necesidad de silencio en esas horas en las que todo calla menos su voz. Enfrentado a la ventana está el escritorio: todos tan iguales y austeros en los que a menudo hay una pequeña libreta para apuntar un no sé qué sin bolígrafo, al lado, un dossier con la información básica sobre los usos y costumbres de aquella casa. ¿habrá alguien que lea esos documentos?
Un plano de la planta nos alerta de un posible incendio y al lado un par de cuadros demasiado pasados de moda o simplemente fuera de lugar; es como si los decoradores ese día hubieran estado peleados con las musas y la prisa hiciera el resto del trabajo.
En ese cuarto uno puede palpar la soledad que cubre las paredes; separar el edredón libera un gélido bostezo que entumece el cuerpo y que tan solo al cerrar los ojos e imaginar el hogar, desaparece.
Puede que en las películas nos muestren la realidad de unos hoteles que nunca llegaremos a ver pero que el subconsciente reconoce como modelos indelebles, por eso, rara vez nos sorprenden para bien. Solo al abrir la ventana -en ocasiones- se reconoce el acierto, pero todo aquello no responde a la arquitectura de aquella sala, sino al paisaje que una vez soñamos antes de iniciar el viaje.
Lo mejor de esa estancia, de la luz que se filtra, de los murmullos y suspiros en las entrañas del edificio, es que a fuera, donde posiblemente canten las aves o se despierte el tráfico de la ciudad, nos espera la vida: la de una ciudad diferente que estamos ávidos por conocer.
Por el lobo que camina.
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jueves, 28 de abril de 2011
En el norte

Imagen es luparia
De pronto tuve la necesidad de mirar y al acercar mi rostro a la ventana, observé que las estrellas refulgían en el cielo. No había diferencia entre la sábana más oscura que allá abajo mecía luceros diminutos y leves o esta otra que nos envuelve dibujando dioses y héroes; sin embargo estos eran erráticos comparados con los distantes astros que coronan el norte hacía el que las alas de este Pegaso mecánico raudas me llevaban. En el horizonte una serpiente de lomo pálido reptaba por las sombras y de vez en cuando otras más pequeñas devoraban su cola dibujando incógnitas en la oscuridad.
Solo al perder altura me fue revelado que la mar y el cielo de este paralelo se unen en la noche, y que la tierra fría e inhóspita, rodea su manto con la bruma blanca de las olas. Mucho más lejos, donde la negrura se hace tan palpable que atemoriza al primitivo ser que anida en todos los hombres, la nieve atenazaba aun con su cadena a la tierra que urdía un plan para emerger con flores. Una luz se adhería a su contorno proveniente de los astros y según los sabios cuando el invierno es invencible forma un halo fosforescente como si el sol emergiera de improviso por donde nadie es que lo espera.
Por el lobo que camina
martes, 19 de abril de 2011
Cuando te miro

by Bojani Dimotrov.
La nostalgia se apodera de mi cuando te miro y un murmullo de olas trasciende desde la costa hasta ti. No hay silencio tan bello como el que te rodea cuando trabajas ensimismada. Esos ojos alegres que hablan mil lenguas me recuerdan la profundidad de los mares que aún no navegué. Son sin querer los rizos que se descuelgan de tu melena, las monedas de oro de un galeón que persigo desde hace tiempo. Son el sol de tu bandera blanquiazul y vienen a morir tan cerca de tus caderas que me recuerdan a las velas de una hermosa goleta que navega despacio por la ciudad de Helena. De pronto izas las alas y te acercas con el aroma de la mar. tus olas salpican mi costado mientras me abordas y te alejas, y con la velocidad que el viento imprime en la tela de tu blusa creo haberme ruborizado. Quiebro entonces la mirada que te anhela y me condeno a obserbar las desteñidas páginas de una novela, sin saber que ya no son las letras lo que leo, sino la carta náutica de tu costa de azahar.Los cabos y estuarios que ascienden hasta la peninsula de tu rostro incendian nuevamente el deseo de contemplarte y cuando elevo los ojos buscándote me encuentro de frente con tus labios que sonríen como rosas en el jardín.
Por el lobo que camina.
martes, 12 de abril de 2011
Cuando nunca es siempre.

Imagen Paulo Campos.
Su silencio viste mi casa como un tul vaporoso que el viento destapa; cuando camino, no son mis pasos sobre las tablas lo que se escucha, sino el fru-fru de esas cadenas que se aferran a mi alma y ensordecen la sala. Observo como la luz entra en la alcoba: gris e imprecisa. Su bruma revuelve aquellas cosas que no deberían seguir aquí: Su caricia, el ruido seco de manzanas cayendo sobre el césped al yacer, murmullos y lisonjas. No sé porque los días divorciados de sol traen a mi playa su sonido. Me detengo y observo la puerta: Sé que no se abrirá y sin embargo, tengo la sensación de que la he oído cerrarse. Es como si estuviera a mi lado, como siempre; como siempre que fue siempre antes del nunca que es ahora. Llegada la noche las imágenes de la televisión danzan mudas sobre la pared, una luz- limón maduro, alumbra las páginas de un libro. El resto son sombras. Si las observo, puedo ver cosas que sucedieron hace tiempo y regresan con su aroma; tengo que hacer contrición para no dejarme arrastrar hacia su lado. Me aferro a la verdad que hay sobre mis manos y me evade de todo lo que ya no es realidad: Viejos carros, castillos, caminos de barro;verdes promontorios, puertos, y goletas de guerra, pero detrás de cada letra, su sombra aparece y me toma la mano.Entonces me doy cuenta de que ese silencio suyo, me acompañará siempre borrando todos los nuncas que me asolan el alma.
Por el lobo que camina.
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lunes, 4 de abril de 2011
Reflexiones I

http://www.teresaclarkpintura.blogspot.com/
Todo transcurre a cámara lenta y los grises de las nubes no acompañan, ni siquiera la contemplación de la mar desde la ventana en las mañanas me ayuda a levantar el ánimo. Está allí disimulando en el horizonte de ceniza. Una nube oscura que amenaza lluvia cabalga el cielo oscureciendo la costa; poco a poco pierdo la visión hasta no ser capaz de distinguir donde comienza la mar o termina la tierra.
Rompe a Llover y se observa como olas sin voz pintan de blanco la Maruca. Mi mente viaja allí y se envuelve con la sal de la espuma. En las baldosas se forman charcos que la mar invade al saltar por encima de la barandilla.
¿Podría alguien decirme dónde se halla la frontera invisible entre las aguas?
Me quedo pensando y al hacerlo, me doy cuenta que los charcos son un espejo que se rompe a cada momento. Una gota cae y se deshace el pensamiento. El cristal de la ventana llora mientras el viento zarandea los árboles, las personas, las señales de tráfico, y una procesión de vehículos avanza o huye hacia el centro; Desde el centro.
Arrastro los pies hasta la sala y me dejo caer sobre el sofá; luego abro un libro por la página señalada y leo en voz baja. Hay un enjambre de palabras ordenadas en versos que hablan de la mar y sus naufragios, donde los barcos llevan alas blancas y la brea salta por la recia mano de las olas. Me quedo pensando y observo que todo transcurre a cámara lenta, como las nubes, como las olas en la mar, como la lluvia sobre la ciudad y solo la poesía me ayuda a levantar el ánimo.
Por el lobo que camina.
martes, 29 de marzo de 2011
Huellas sonoras.

Imagen de la red, se desconoce autoría.
¿Cuánto tiempo ha de pasar antes de que su voz sea silencio?
Aún resuena en las paredes, en los muebles austeros de la sala; resuena en las calles grises que moja la lluvia, en los prados verdes que poco a poco invade la primavera.
Sobre la mesita de la alcoba una foto de hace tiempo me mira: un paisaje de otoño se camufla en la capa oscura del arena y blanco de su lomo. Hay un haya vieja que se retuerce hacia el cielo como una plegaria. Ya no recuerdo como era su sonido. Es una imagen sorda y muda como el papel en la que yace impresa, como el frio cristal que lo protege del tiempo, y sin embargo, quedó grabado en la palma de mi mano su postrero latido. ¿No hubo pájaros en aquel árbol? ¿No peinaba la brisa la miés y las hojas o los helechos de bronce? Con solo rozarlo, puedo reconstruir cada imagen en el álbum de instantes de mi memoria, con su fragancia y la luz de la tarde; a veces incluso siento el frio que dejó el silencio en ese cuerpo, y en el mío. ¿A eso solo se ha reducido su recuerdo? Debe ser que el tiempo siembra esas cosas para alejar las espinas de las rosas, pero con ello me priva de la huella sonora. Por eso intento levantar murallas sobre el cerco; alejar las naves de todo puerto, pues sé que esa calma deviene en sueño y más tarde en imperceptible olvido. Quisiera conservar cada imagen como lo que es ahora: una puerta que me hace revivir la vida. Una mano que me estrecha con fuerza hasta hacer desaparecer la pena.
Si el olvido llegase tan pronto hasta su foto, me quedaría huérfano; por eso la escondo en lo más profundo de mi pecho, junto a la cara oculta del corazón, ese hemisferio solitario, que nunca, a nadie, he mostrado por pudor.
Por el Lobo que camina.
viernes, 25 de marzo de 2011
Su sombra es la mía.

Sobre l`Aigua.- Mónica Castanys.
He vuelto a sentarme aquí: La silla de la realidad donde todo obedece a los desvaríos de mi mente.
La luz está apagada y las tinieblas me rodean como si quisieran devorarme el alma con su sombra. Solo la tenue luz del ordenador contiene su avance. Hace frío. Miro al suelo y apenas veo los pies, pero intuyo que siguen ahí: apoyados en el terrazo frio de la sala. Echo de menos algo, alguien. Ese que solía sentarse a mi vera mientras escribía; ese que apartaba la pantalla del ordenador portátil cuando deseaba ir a la calle. Busco su aroma y nada salvo la fragancia que desprende la noche viene hasta mí. Quisiera levantarme, ir hacia donde sé que debería estar para tomarle la cabeza, apoyar su frente contra mi pecho y susurrarle zalameras palabras en la oreja.
Justo por eso, porque no puedo ya hacerlo, he venido hoy aquí: hasta la silla de la realidad que obedece a mis deseos o sueños.
La luz se ha fugado, sin embargo es precisamente eso lo que hará que aparezca. Las sombras se enredan: se contraen o se expanden hasta dibujar una silueta. Escucho un jadeo. Lo reconozco. Cierro los ojos,- ya no necesito que ellos sean lo que deben- la sala ha recuperado la luz de la tarde y el sol se filtra por el estor tiñendo de naranja el aire. Viene la brisa y revuelve unos papeles que dormían sobre la mesa. No, no es el viento quien juega en la sala. Algo vestido con su forma hace que se caigan al suelo los objetos. De pronto lo percibo, se apoya contra mi rodilla y siento su abanico en los poros de mi piel. Toda la sala está llena de su esencia. Un murmullo de olas ronronea, se encrespa, salpica mi oído y su hocico aparece entre las teclas oscuras como una exhalación. Siento la trufa pegada a mi mano, húmeda, viscosa como la arena oscura de mi playa. Ahora sus fauces separan mi mano de las teclas y tiran de ella. Me levanto. Le sigo hasta la correa de cuero que descansa sobre la cómoda de la entrada. Un ladrido, luego otro y otro más hasta que las aves que sobrevuelan el azul se enteran por fin de que es la hora de jugar, y oler y respirar y ver la vida pasar sobre el césped o las baldosas grises del paseo. Todas las nubes del cielo vienen a su encuentro teñidas de fuego, y sobre la mar, los barcos se balancean despacio con sus velas blancas. Una sonrisa de pelo largo, de blancos y grises, como los manchas de un acorazado, anida en mi interior.
Entonces- sin desearlo -la imagen pierde nitidez; se nubla; se derrumba como los castillos de arena ante la marea, y regresan las sombras a mi habitación.
Observo los quietos muebles con su alargada forma, el esbozo de la puerta que conduce a la negrura de noche y más allá, donde una baliza roja señala la mar. Una silueta de patas blancas se estira frente a mis ojos y aunque más silenciosa, reclama mi atención. Entonces me levanto destilando una lágrima y voy en busca de la correa que me espera junto la puerta. No hay jolgorios, ni ladridos de fiesta, quizá porque ella le echa de menos tanto como yo y ha elegido el silencio como forma de llorar su ausencia. Tras un suspiro nos vamos a la calle, seguidos de una sombra que no es la mía, ni la de quien me acompaña a caminar.
Por el lobo que camina.
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Su sombra es la mía
lunes, 28 de febrero de 2011
Paisajes de invierno III

Siempre me detengo a contemplar el mar desde la atalaya. Aquí la costa que venía en ascenso desde la canal comienza a declinar hacia el occidente donde se eleva en un sin fin de escaleras. Es solo una piedra que señala un lugar en la costa, pero si se mira bien, puede ser algo más:
Al norte se pierden los ojos en el azul impreciso de este mar que nos engaña: No hay aquí vestigios de que sus olas no sean hijas del Ōkeanós, pues vienen atravesando el campo sembrado de verde azules y su flecha se alarga desde las rocas hasta la playa. Antes de morir se escucha el rugido colérico que desde el fondo entona el cuerno del padre de los dioses.
La brisa que me salpica de sal arrecia y la vista se posa en cada una de las rocas que descienden hasta la mar. Aquí la costa es el último bastión de una muralla muy antigua que aun resiste las furiosas envestidas de las olas. Al sur de esta, la arena se sedimenta junto a los cadáveres de las rocas que perdieron la batalla y en el centro, la puerta que apunto está de claudicar. Como una embajada, la marea ha formado un estanque para que descansen las olas tras su salto mortal, pero que en la bajamar se vacía dejando al aire las raíces mismas de la tierra negra.
En el sigilo de las eras la mar hizo retroceder la tierra, más no todas las fuerzas pugnan en la superficie blanca de la espuma. Al fondo y sin llegar a la puerta, el camino que baja queda detenido por una escarpada dolina, y su círculo, delata el túnel que unas manos ocultas escavaron despacio.
Al oriente en el cabo enfrentado a mí, otra muralla se fragmenta en la medianía y la mar penetra las rocas. Hace mucho que las olas deformaron la costa hasta crear la playa de sotavento, y que un día, habrá de reunirse con el otro extremo donde el viento y la mar impiden el descanso. Aquí los Urros, ancestros aislados de la fortaleza resisten en la ensenada, perdida ya toda esperanza, como solitarias torres de defensa, salpicando de negro la primera línea de las olas. Su embestida no se hace esperar y escalan su muralla para reunirse al otro lado con el resto de las fuerzas que asediarán mi roca.
A mi espalda, el sur de los campos ondea como una bandera de esperanza ajena a lucha cruenta que quiebra la costa, aquí las olas son solo un rumor lejano que deposita sal sobre la hierba. Un camino de tierra surca hacia el oeste como una serpiente su faz, para luego ser devorado por el verde oscuro de los pinos. Otra atalaya se eleva detrás de la foresta y en su cumbre, las rocas que fueron trinchera, sobreviven vigilante sobre el abra de un río que muere en la mar.
Por el lobo que camina.
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lunes, 21 de febrero de 2011
Paisajes de invierno II.
Imagen Luparia.-
El viento se ha quedado rezagado, aprisionado por el abrazo de los pinos, detenido al fin, en el hueco de un grueso tronco de eucalipto junto al camino. Entre el follaje desigual de unos y otros se distingue claramente la mar enfrentada a la tierra. Al fondo, el promontorio oscuro de un acantilado, e inmersas en la burbujeante masa gris verde azulada como un dragón dormido, las afiladas rocas - su cabeza- que la mar no ha podido derribar ni someter bajo su encanto. A sotavento hay una casa con tejado a dos aguas que se distingue como un faro en la niebla y su única luz nos alerta de que al otro lado del abra, ascendiendo la pequeña loma que lo separa de la playa, una chimenea calienta un hogar. Allí tampoco ruge el viento y sin embargo, este nos trae la voz de un perro que avisa a su dueño de la presencia de alguien más. Doy unos pasos hacia el abismo repleto de cadáveres de pinos; ellos eran otrora la vanguardia del bosque, la primera línea de soldados en la batalla contra céfiro septentrión, y ahora, desnudados de ramas y corteza, asemejan fantasmas, o quizá vetustas columnas de un templo olvidado incluso por su dios. He de rebujarme en el abrigo pues nada se interpone entre el castigador de la costa y yo. Las olas son caballos rampantes que pintan con la plata de su crin la mar y llega hasta mí la sal de su sudor empapándome la cara. La tierra aquí es un campo arrasado por los ejércitos del viento y la vida se agarra a la hierba, a las zarzas y a los brezos sin flor. Dirijo mis pasos por la senda que lleva al rompiente, donde la tierra fue tajada por el hacha colérica de un dios, y se eleva como la muralla de Ilion la bella enfrentada a las olas. A sus pies junto a la playa arena y piedras redondeadas son silenciosos testigos de la constancia de un mar que marea tras marea nos asedia. Cuando llegue la tarde y el sol comience a descender en su carro hacia el horizonte, pintará de bronce el paisaje dorando los bordes con su fulgor. Esa es la hora mágica en que la costa se tiñe de malvas y la bruma descorre el velo que ocultaba las altas atalayas del Vindio coronadas ahora de blanco.
Por el lobo que camina.-
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Paisajes de invierno II
martes, 15 de febrero de 2011
Paisajes de invierno I
El viento aúlla en la mar con voz de temporales y las rocas estallan una y otra vez; en la lejanía se vislumbra como la costa se pinta los labios con el blanco de la mar, en esta hora oscura como la boca del lobo. Si acaso calla, el cielo llorará desde los navíos grises -casi negros- que avanzan veloces desde el occidente, pero aún están lejos, y el arpa que impulsa las olas sacude la sábana de tinieblas sin ondular el horizonte que a duras penas se divisa. Sé que está ahí, aletargado en fondo del manto de tinieblas que nos cubrirá hasta el alba.
Arrecia Eolo y su fuerza parece crecer con la llegada de las naves de sombra. Observo el brazo pétreo que sostiene la luz de los barcos, asediado por la furia inclemente de su aliento helado y aunque las olas hasta allí no alcanzan, él las hará volar en sus alas salpicando de diamantes la piel blanca. La luz de una farola alumbra las manos de esos gigantes que se inclinan y besan con su figura tapia y verja que cierra la entrada. La carretera asciende hasta la torre recorrida por las hojas muertas que se precipitaron desde lo alto de la bóveda de ramas que oscurece las sombras. Al fondo una inmensa cruz junto a la barandilla delimita el fin de la tierra resistiendo la envestida de sus aullidos mientras el coro de las olas declama sesenta metros más abajo.
Todo esto acontece en la negrura de mi habitación insomne,y al mismo tiempo, en la soledad de un paisaje que tantas veces me ha mirado.
Por el lobo que camina.
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Paisajes de invierno I
miércoles, 9 de febrero de 2011
Frio

Fabián Pérez.
El viento que se arrastra bajo la cortina me hiela los pies, pero a fuera ruge el medio día. No puede ser, me digo levantándome en vuelo hacia el jardín, y al atravesar la entrada, me encuentro con que el frio está en mi.
Hay dos inviernos que me persiguen hasta el tormento haciendo cristal el sol .En la antesala de uno, el que me espera en el norte, congela mi alma, y no hay abrigo posible ante la certeza del camino que sé que me espera. El otro, no es físico, aunque me deje la piel aterida inyectándose en las venas su desánimo. Es un ancla que me arrastra en medio del verano hasta el lóbrego lugar del que procedo ; ese lugar del que quise huir un día, al no ser capaz de dibujar un paraíso. Son las ruinas de un sueño muerto que se ha tornado pesadilla. Es la mano que dirige la marioneta de la vida en contra mía.
Pero ¿y si fuera yo el enemigo? ¿También yo traicioné sin saberlo a Áyax el grande? El mar teñido de sangre y la playa me recuerdan que un hado funesto se agarra con fuerza a mi espalda, y nada de lo que hice o haga, parece nunca separarlo. Todo aquello que en su día fue mi aliado ahora se alza en armas y me lacera el costado como una lanza que me deja cansado antes de la batalla. Por eso, heme aquí de nuevo, enrolado sin quererlo en el barco castigo de Odiseo.
Por el lobo que camina.
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