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lunes, 24 de mayo de 2010

Sonata para dosamigos




El aire de la mañana trenza el sol que se filtra por las rendijas de la persiana, todo está en calma. Abro los ojos y permanezco atento a lo que dice la nada. Me desperezo despacio arrebujándome contra los pliegues de la sábana y de un salto descorro el visillo de la ventana. La luz se derrama sobre los objetos que duermen en la alcoba donde la sombra herida de muerte se oculta bajo de la cama.
Se oyen unos pasos detrás de la puerta: ya están aquí. De nada sirve ocultarme ahora, los movimientos me han delatado a pesar de mi voz callada. De pronto algo golpea la madera y su eco resuena como los timbales de la guerra. Ya no hay tregua y otra envestida hace que la puerta ceda. Desarmado y apenas vestido contengo el aliento y entonces su afilado hocico se muestra. Hay dos apéndices afinando la cancela; se abalanzan sobre mí y con su canto desgarran el velo silente de la cámara. Siento su trufa húmeda en la medianía del muslo, otra busca algo en el seno de la mano abierta. Alguien se ha enredado entre las piernas y el tracto dulce de su manto se restriega; unos dientes me sujetan el ala como tirando de ella para que salga fuera. Se pelean y pugnan por el roce de la palma que los abraza arrullando con maña. Despierto las palabras, pero es peor, ahora se unen y en coro entonan el aria Exeundum est tibi.(*)
Es tiempo de que rinda la bandera y les hago caso: me llevan a la calle encadenado.

(*) tienes que salir

Por el lobo que camina.

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