
Fuentejada. frente al espejo.
Porque nada de lo que escriba podrá nunca definirte, he decidido no escribirte, ni decirte con plabras aquello que se me escapa junto al alma en la mirada.
Hay luces que iluminan la sonrisa como olas de una mar iridiscente y me salpican con la espuma blanca anegándome de ti. Hay susurros de la mar encerrados en la caracola de tus pechos y si escucho quedo, puedo naufragar arrastrado por su marea hacia la arena blanca de la playa o descansar allí. Hay una mandolina que me desgarra si te contemplo desnuda sobre la cama donde el mástil alargado me invita a trenzar arpegios de saliba sin fin. En el tacto de la noche despierta la flor que me embriaga y al descorrer el velo, se apodera de mi su resaca; luego me empuja hacia el mar de fuego que es tu cuerpo donde todas las velas del navio se inflaman sin remedio.
En el humo blanco del incienso se eleva una plegaria en forma de silencio: Horas alargadas volad hasta llevarme con mi amada. olas azules de tiempo, deteneos solo cuando me abrace a su alma en la mirada.
Porque nada de lo que escriba podrá nunca parecerse a ti cuando me abrazas, he decidido abotonarme a tu piel y sentir.
Por el lobo que camina.