**La imagen es luparia
la mar, de la que soy
cada vez, más íntimo amigo
M.de Unamuno
En las noches quedas te escucho murmurar en la lejanía, mar profunda, en tu soledad llena de peces y de sombra. Sé que aguardas junto a la costa viendo pasar sin tiempo la vida, pues tú materia no está hecha de relojes que tiemblan. A veces sueño despierto tus dedos de espuma, esos que dejan huérfanas caracolas en la larga cuna de la playa, y me abrazan llevándome en su seno. Es entonces que todo el azul de la noche gira y las estrellas son sólo lejanas luces distantes que te miran, y asolas, allí en lo alto del techo silente, se acerca por el oriente la luna que es barco a tú espejo a mirarse. Hecho de nada acaricio la sábana como si fueras tú y el tacto enredado en los pliegues se desarma en anhelos por tenerte -y que tú entero me contengas-. Los dígitos fríos de la mesilla señalan esa distancia que nos separa y al darme la vuelta me quedo dormido pensando en la marea baja que me arrastra hacía ti, donde ya somos uno por fin.
Por el lobo que camina.