
Se acerca la luna a mi ventana; grande, casi redonda; mordida por el lobo de la noche, y su luz, entra llenando de plata la estancia. Las sombras se alargan huyendo tras los muebles, que al irisarse, brillan como osamentas cuaternarias y fosiles. Todo duerme a nuestro alrededor mientras contemplo como pequeñas partículas se sedimentan despacio sobre nosotros: los que rompemos las tineblas con suspiros. Lejos, resuena una melodía y sus acordes danzan con esas mariposas lunares que la noche nos regala: es la mar calmada.
Silencio; contengo la respiración intentando asir con las manos su cadencia lenta, y esa bruma vestida de fantasmas, me hipnotiza sumergiendome en la nada. los latidos traidores de mi cotrazón, ahogan su canto y derrotado al fin, cejo en mi vano empeño por escucharla; libero al aire reo, y al hacerlo siento como si fuese expulsado al mundo; entonces oriento la cabeza hacia tu forma y la respiración me cuenta que has huido al laberinto donde no puedo seguirte.Tus senos, que se elevan como las olas de una mar en calma, son lunas crecientes que me narcotizan, y navegando sobre la luz de la sombra, aparece el barco del onírico dispuesto a secuestrarme. No me resisto, y con su abrazo, vuelvo a oir la mar y su resaca. Ya estoy dormido.
Por el lobo que camina.