
Imagen Escha van den boeguerd . rilassare
¿Cuántas mentiras son suficientes para mentir, mentira?
Con una sola se encrespan las olas fieras y por eso soy espuma sobre la mar.
Con airadas voces enarbolo la espada que ablanda las rocas y tras el choque seguro, me quiebro en pequeños cristales azules de llanto coagulado.
Arrecian los vientos que esparcen la ira sobre las ondas y sus desgarros parcelan la sábana de cobalto de mi mar salado.
Qué certero es el arco al enviar la flecha, y tras dar en el blanco, tiembla la resolución de haber matado al venablo, pues con mi acto, se aleja para siempre de la mano.
No sé; me asalta la duda de hacer lo correcto, quizá porque me miento al ignorar que no me importa su mentira.
¿Será verdad? Dicen que todos mienten; que se mienten con mentiras, de mentiras, sobre las mentiras y la muerte que nunca miente.
No nacen las rosas sin espinas. No duran el tiempo suficiente para descubrir que son las mentiras bellas de la tierra; mentiras que no se mienten, ni asemejan ser lo que las otras nunca podrán ser: flores bellas.
Desfallezco y derramo mi esencia sobre la tierra baldía que me vio yacer- con ella, sin ella-. Por eso me miento cuando recuerdo que la he olvidado, más en el fondo- donde duermen los barcos- necesito vivir con una mentira que me abrace en esas noche, cuando el aire cálido de la estancia miente al frio enterrado en mi cuerpo vacío. Demasiado vacío ya, sino muerto-miento: sigo latiendo el frio.
En el frio manto de mármol que habrá de cubrir la tierra sobre mis ojos cerrados, se unirán las letras que a todos digan:
"Todo en ella era cuestión de fe, más quise ser ateo y no creer."
Por el lobo que camina.